miércoles, 1 de julio de 2015

CUANDO LA PENA SE ALEJA







Siempre hay un límite para el amor y éste lo pone
La disponibilidad del deseo, y un poco también
El halo de una caricia, cuyo perfil descomponen
Varios golpes de abanico, con su clásico vaivén.

Nunca pudimos gozar del cariño a manos llenas
Quizá nos faltó una milla para llegar al placer
Puede que las alegrías se convirtiesen en penas
Y hasta resultó triste ver nuestro amor fenecer

Llevado en un ataúd cuyos clavos eran besos
Superpuestos, como escamas de algún pez;
Jugamos a enamorarnos un poquito cada vez
Y en algunas ocasiones nos pudieron los excesos.

Algunos versos de amor nos servían de almohada
Miles de historias pasadas hacían de cobertor
Y de pijama, una voz, llena de pausa, calmada,
Y para apagar el fuego, un abrazo, de extintor.

Si cruzas por la vereda que te lleva hasta la fuente
Dejándote allá a lo lejos, esa especie de pasión
Que llega desde tu piel, hasta casi el corazón
Puedes confundir a veces el pasado y el presente.

Porque la melancolía juega mucho con la ira
Cuando la pena se aleja, vencida por la alegría
Luego se ponen a arder en el fondo de la pira
Tantas ilusiones rotas, como reflejos da el día

Tantos momentos de gloria que a nadie pertenecen
Ellos siguen a lo suyo, salvo que se les reclame,
Son ilusiones perdidas que hacia el ocaso perecen
Son damas de compañía en busca de quien les ame.

Y en la confusión reinante, las damas suspirarán
Por un efebo silente que ponga un poco de calma
En el coro de sonidos que nace dentro de su alma
Que para hacer sitio al amor, ellas mismas vaciarán.

Somos esclavos por horas de una soledad salvaje
Prisioneros sin futuro de una relación tan fría
Como agua que resbala componiendo melodías
Cuando cae, en la selva, por entre el verde ramaje.

Las nubes no viajarían, si no fuese por el viento
Cuando no exista el amor, se acabarán los poetas
Voy a mirar hacia el sol proponiéndome una meta
Tratar de robarte un beso, sin esperar el momento.-






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