martes, 9 de julio de 2013

PARA PODER SER NOSOTROS (1)




Hoy hablaré del amor, de una forma un poco extraña;
puede ser como el alcohol, que en demasía te daña
si bien en pequeñas dosis aumenta sobremanera
la posible conexión entre dos almas viajeras

que en el peñón del olvido han plantado su estandarte
esperando una señal que aplauda el atrevimiento
de un viaje sin cortapisas quizá hacia ninguna parte
una forma de seguir, de estar siempre en movimiento

en pos de una sinrazón, de un sueño, de una futesa,
o de un árbol en extinción abocado a ser madera
para una combustión más lenta y más duradera
o para formar el eje de una ligera calesa

en la cual los corazones van cogidos de la mano
dejando atrás la ilusión de los que quedan en tierra
cualquier destino es posible, incluso los más lejanos
y a los que se ha rechazado la desilusión entierra

en una tumba cavada por manos muy preparadas
tomando como modelo las simas del mar profundo;
del carruaje, en su camino a lo largo de los mundos
una vez en movimiento, no están previstas paradas.

Si el amor es la calesa y nosotros los pioneros
en visitar los lugares donde nunca se ha llegado
es posible que al final nuestro destino soñado
sólo consista en saber que hemos sido los primeros

en disfrutar de un brebaje preparado para otros
en recorrer la distancia con la que nadie contaba
en poseer un destino que a mucha gente inspiraba
dejando de ser tú y yo, para poder ser nosotros

y en franca condescendencia con el vino y el jolgorio
olvidadas, por antiguas, las normas de la decencia
yo partiré cualquier tarde emulando a un tal Tenorio
mientras desde tu ventana proclamas la independencia

que tienen los corazones cuando se sienten dañados
una forma de existir que no se enseña en la escuela
una historia verdadera, narrada en tono pausado
de la que no es conveniente escribir una secuela.

Ah, qué bueno es el amor cuando se tiene a raudales
y como se echa de menos cuando llega su partida
si en alguna situación se aprenden buenos modales
no es menos cierto también que si sangran las heridas

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