martes, 2 de septiembre de 2014

PERO VOLVIENDO AL MAR




Ayer me dió por escribir un mensaje diferente
lo puse dentro de una botella y la arrojé al mar
desde la orilla vi flotar su vientre prominente
y deseé por un momento que la vieses llegar.

Por si no estás atenta, te diré que la carta decía
básicamente, que estoy enamorado, algo normal
teniendo en cuenta que mi corazón por tí latía
incluso cuando las cosas del amor me iban mal.

Ahora pienso en todo lo vivido con cierta fijación
en los atardeceres grises, como brumas de otoño
en los momentos pasados en pos de una ilusión
y en los árboles viejos, que cuidan sus retoños

esperanza no exenta de un cariño creciente
albúmina que alimenta deseos y caricias
estupidez vencida por una idea emergente
mezcolanza infeliz de ciertas impudicias.

Deseé sin mucha convicción que te llegase
a cualquier lugar del mundo que te ampare,
ésa botella, que va dejando atrás cien mares
aunque no siempre parecía que avanzase.

Y ello porque en el fondo, siempre he sabido
que nuestro sol no da la misma luz que antaño
quizá una perversa sombra le ha hecho daño
y sea poco más que una sinfonía sin sentido.

Pero volviendo al mar, la carta y la botella
olvidada entre espumas, objeto indefinido
ovni venido a menos, espolón reducido
ni carne ni pescado, ni cometa ni estrella

tan solo redimida por su ardiente misiva
la cual, con la humedad, se tornará ilegible
mientras una sirena, la hallará a la deriva
y se pondrá a cantar con voz casi inaudible

trozos de melodías que aprendió de memoria
aquellas que a viejos lobos de mar enamoraban
haciendo después corrillos para narrar historias
que mal o bien contadas, no siempre terminaban.

volviendo a la botella, te tengo que decir, a corazón abierto
que una vez que escribí la carta, y la hube arrojado
al agua, poniendo en aquella acción un gran cuidado
cambió el paisaje, y lo que fuera el mar, ahora es un desierto.





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