lunes, 13 de enero de 2014

CUANDO TE DÉ POR PENSAR (1)




Ten en cuenta que la vida nos duele a veces, de forma
que si en una circunstancia, hay dolor en lontananza
cuando el sufrimiento torna en una especie de norma,
tan solo queda esperar por los tiempos de bonanza.

Hoy pudimos compartir un rato solos, sin prisas
y disfrutamos del vino, espirituoso y sensual
nos dijimos varias cosas, nos dedicamos sonrisas
y de una gota de lluvia construimos un caudal

de interjecciones absurdas al hilo de la comida
tratando de aparentar lo que se llama apetito
pero la gente miraba, cuando menos, sorprendida
y hubo quien se quedó, observando, algún ratito

solo para comprobar que nuestro amor era cierto
hecho de gestos preciosos, ofrecimiento de viandas
e intercambio de caricias, mientras una vieja banda
tocaba nuestra canción en mitad de su concierto.

Para cuando el dulce postre asombraba tus pupilas
y removiendo el café pensaba en nuestro futuro
intentando, sin lograrlo, prender de una vez el puro
y soltabas, como siempre, en contra, tus retahílas,

todos las penas pasadas tenían sabor a vino
y el gozo de estar unidos no nos permitió pensar
en un porvenir incierto, en lágrimas por llegar
pues el amor te convierte en un ingenuo supino.

A la hora de pagar ya te habías enfadado, y el motivo
se me escapa entre los dedos, al igual que las razones
que tuviste para huir, rompiendo mis ilusiones
no sin antes señalarte con tu dedo acusativo

la sien derecha en un gesto a todas luces obsceno
mezcla de rabia infinita y de candidez extrema
pues no esta loco del todo ése que siempre sereno
en la pira de tu ira, para inmolarse, se quema.

Y sus cenizas se esparcen por la bahía que tiembla
cuando el sol en la montaña rompe las cumbres
y lanza rayos que ayudan a que prospere la siembra
es entonces cuando huir es tan solo una costumbre

a la que las circunstancias te empujan sin remisión
oportunamente listo para dejar este mundo
liberado de presiones, sumido en la tentación
de enterrar lo ya vivido en un hoyo bien profundo.

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