jueves, 30 de noviembre de 2017

EL AGUA DE LA VIDA






No debí enamorarme de tí en la escuela
cuando ibas con tirabuzones y en bata;
nunca debí insistir tanto, casi darte la lata
y no me hubiesen quedado estas secuelas.

Son los primeros amores los que antes florecen
y si se riegan todos los días llegan a ser tan altos
que es difícil ver su copa, aún con un par de saltos
la verdad es que pese a la sequía, siempre crecen.

Pero el amor más puro, aquel que dura siempre
es el amor maduro, de dos personas viejas
mayores, si tú quieres, que se hacen pareja
tras de un tórrido verano, en el mes de Septiembre.

Ahora sólo pienso en la soledad de antaño
la que nos hizo amar el salir a la calle
cuya melancolía nos prendió por el talle
dándonos un abrazo, casi nos hizo daño

y se alejó radiante, con su misión cumplida
admirada por todos, aplaudida a rabiar
desfiló por las calles, haciéndose rogar
y luego lo dio todo, llegando a la avenida.

Son viejas soledades las que luchan y ganan
latitudes extremas con climas no muy finos
de aquí en adelante, voy a buscar destinos
en barquitos de vela, sobre fuentes que manan

el agua de la vida, elixir oportuno y suficiente
para dar de beber a unos cuantos sedientos;
quizá llegue el descanso, pero en otro momento
tal vez seguir andando sea lo más prudente.

Y si hay que volver a la escuela, se vuelve
y las paredes dirán con sus mensajes claves
tan solo conocidas para los que escribimos
ocultando las tizas, donde luego nos dimos

serios besos que ahora nos parecen de risa
pero eran verdaderos, destilaban amores
tal como ahora sólo producen sinsabores
y es porque la vida, se vive muy deprisa.

La escuela es la vida, y la vida, una escuela
donde todo se aprende, donde todo se olvida
queda para el futuro el completar la esquela
que es como una foto que nunca sale movida.


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