viernes, 30 de septiembre de 2016

AUN QUEDAN UNOS CUANTOS DÍAS PARA ENERO





Tuve miedo a cerrar la puerta entreabierta del deseo
y padecí lo indecible por tu ausencia, que no fue tanta,
pero mientras tanto mi corazón sufrió un buen meneo
aunque realmente nunca fue demasiada la distancia.

Ahora has vuelto, sí, y la extraña sensación se ha ido,
he echado las lágrimas al desgastado cubo del olvido
me he puesto ropa limpia, y con un clavel en la solapa
tras de mirar una de tus fotos, en la que estás muy guapa

he ido a la oficina, como si fuese el primer día en el tajo
con la misma ilusión con la que vas a la primera cita
con tremenda pasión, terminando por sudar en el trabajo,
he llegado a pensar que esas gotas eran de agua bendita.

Se presupone que la vida es un camino de rosas y a veces
es así, pero en la mayoría de los casos, te digo de verdad,
que no logras dar a los que te rodean lo que se merecen
y te frustra un montón enfrentarte a solas a la realidad.

Quizá bajen aún revueltas las aguas de la amistad
quién sabe si el futuro es o no es, placentero,
aún quedan unos cuantos día para Enero,
y muchos más para que la verdad

se abra paso en nuestra almas, tan castigadas por la duda,
absortas ante un paisaje que fingen ni entender, ni compartir
tu creíste que había llegado el momento preciso de partir,
yo me quedé con la sensación de necesitar cualquier ayuda

y sobre todo en compañía de una soledad que no se apiada
de los que todo lo fían a un solo momento, a una sola idea,
cualquiera que esta sea, y aunque hallen la salida tapiada,
ellos siguen pensando que aún son los reyes de la aldea,

y que alguien acudirá en su rescate, quizá sobre un caballo
o más moderno aún en un buen coche, con muchos extras
con el que se puedan subir, por un instante, a la palestra,
aunque del clavel de la solapa, ya tan sólo quede el tallo.

No por haberte ido es por lo que he sufrido en estos días,
ni tampoco por no poder decirte cuanto te echaba en falta
es el hecho de no poder acompañarte, ni hacerte de guía,
lo que me ha dejado como si hubiese padecido fiebres maltas.

Es un poco el calor que te llevaste y otro poco el frío restante
lo que me ha impulsado a añorar tu recuerdo, que no duerme,
sino que permanece bien despierto, como hacen los tunantes,
cuando se preparan para robar la dicha a los cuerpos inermes.



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