martes, 23 de marzo de 2010

EN LA COPA DEL CIPRÉS


Soy como el ave silente que ansiosa de porvenir
Abandona el nido oculto en la copa del ciprés
Sólo para darse cuenta muy poco tiempo después
Que no hay que irse tan lejos, a no ser para vivir

Esas historias preciosas plasmadas en las novelas
Hechas de amor y deseo, quizá un poco en demasía
En las que el alma de uno a la del otro se confía
Aunque muchas veces ambos se quedarán a dos velas

Nada como el nido propio para gozar de la paz
Asociada a la familia que nos cuida, que nos ama
Nadie hay como una madre para arroparte en la cama
La mano amable que siempre por nosotros es capaz

De olvidarse de sus penas, dejar a un lado sus cuitas
No preocuparse nunca de si misma o de su ser
Estando siempre a tu lado, por si un día la necesitas
Y realmente bien dispuesta a darnos su parecer

Sobre esos temas tabú que nos persiguen de cerca
Sobre ese primer amor que se aleja o que se acerca
Según esté nuestro ánimo, según sea la ocasión,
Con palabras bien acertadas y cargadas de pasión

Cuando la persona crece y el niño desaparece
La madre da un paso atrás y observa con atención
Cómo afrontamos la vida recolectando las nueces
Del nogal de los deseos, del árbol de la ilusión.-

Y espera, con la tirita que nos curará la herida
Que la espina del olvido dibujará en nuestra piel
Apósito al que no siempre daremos la bienvenida
Pero que ira con nosotros como ese perrito fiel

Al que nunca hacemos caso sobre todo si no ladra,
Que nos recuerda de lejos a aquel amigo olvidado
Al que llamamos a veces, pero sólo si nos cuadra
Pero al que en alguna ocasión hemos dejado de lado.

La madre es ese amigo que espera nuestra llamada
Y si esta no se produce le da un poquito de pena
Pero enseguida se apresta a prepararnos la cena
Y como es de la familia, nunca se enfada por nada.

La amistad, en fin, es algo que nos gusta disfrutar
La antesala del deseo de nuestras ganas de amar
La consecuencia querida de una tarde de pasión
El combustible adecuado que hace andar el corazón

Simbiosis de cuerpo y alma que se ejecuta despacio
Una vez que la distancia deja de ser infinita
En una deliciosa tarde de color azul topacio
En la que la lluvia que cae nos parece agua bendita.

La amistad nunca se compra ni el amor sale a subasta
Y no hay tienda ni almacén donde vendan amistades
No escribas a los amigos contando mil veleidades
Debes saber que, por ser ellos, con una palabra basta
.-

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